Iván Mamani: El fuego de la esperanza cristiana

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Padre Iván

Empezó su alocución recordando el relato del Libro de los Reyes capítulo 18, en el que Elías derrota a los profetas de Acab, quienes vanamente invocan a Baal pidiendo el fuego para el sacrificio del buey, pero el profeta, que nunca desmayó en la esperanza, cumple con el milagro, mostrando que el Dios que acompaña, lanza el fuego, está en el momento justo, porque no abandona a su pueblo.

El sacerdote Iván Mamani fue el segundo expositor del Curso de Salesianidad, vía plataforma, con el tema ¿Hablamos de esperanza? ¿Qué lectura creyente podemos hacer?

“En determinado momento, el profeta Elías ha perdido toda esperanza y su vida corre peligro y sintetiza el momento en la expresión: prefiero mi muerte. Está desesperado, se oculta, tiene miedo. Ese el mismo miedo nos acecha hoy. Entonces, Elías siente una suave brisa. Esa es la brisa de la esperanza cristiana, porque podemos generar muchas esperanzas con cosas simples. Tal vez lo único que nos pide Dios es que llevemos agua y una pequeña tortilla. Con la fuerza de aquella comida caminó Elías 40 días. Las pequeñas cosas, la sencillez de lo que somos, es cuanto podamos dar a los jóvenes”, expresó el padre Iván para partir de la Sagrada Escritura y llegar a las profundidades reflexivas de la virtud teologal.

“Nosotros somos los primeros que debemos llenar las tinajas de agua porque el Señor va a cambiar nuestra ofrenda en el buen vino, pero llenemos primero las tinajas de la esperanza. Esa virtud no se ve, pero si no está dentro de nosotros, estamos muertos. En la tarea educativa estamos en la mitad del camino de conseguir ese pan y agua que va a generar cambio y esperanza en los jóvenes. Esto lo hermoso de ser educador porque construimos para el futuro; somos maestros de esperanza”, acotó.

Apuntó en su alocución que somos maestros de esperanza, porque estamos sembrando para el futuro. “Nos costará situarnos en la nueva normalidad, es nuestro deber inyectar esa esperanza. Algo nuevo tiene que generarse, porque si volvemos a hacer lo que era antes, toda esta tarea de estos días será inútil. Esas muertes de seres, con quienes hemos compartido, tienen que hacernos agentes de cambio, porque tiene que venir algo mejor”.

El padre Iván Mamani presenta a un ser humano en proyección, que tiende siempre a algo más y todo lo que consigue siempre lo ubica en el medio camino, porque hay algo más que hacer. Siempre se aspira a más. Es la actitud natural del hombre porque a diferencia de los otros seres de la naturaleza estamos siempre esperando.

Acudió al pensamiento del filósofo y antropólogo francés Paul Ricoeur, el pensador que en su trayectoria intelectual caminó en la frontera entre la filosofía y teología, para mostrar que la esperanza, siempre llega a trascender al ser humano, a superar su ser corpóreo, para ello se debe acudir a la hermenéutica, un método de interpretación, más allá del sentido literal de los acontecimientos.

Siguiendo el axioma cartesiano y apelando a la analogía “vivo, luego espero”, señaló que la esperanza humana no resiste vivir en un estado de desesperación, porque “la esperanza cristiana es la plena seguridad de que esto va a terminar. No hablamos de un mero optimismo. La esperanza tiene que ver con la entrega y confianza. La confianza plena en Dios. Por ello nuestro acompañamiento tiene que ser algo muy concreto. En el caso de los estudiantes, no se trata de darles solo capacidades académicas, tenemos que darles una base emocional. Se trata de brindarles confianza, aún eso, no es suficiente; hay que ver la proyección, mirar más allá de los previsible. Debemos ser capaces de ser maestros de la esperanza. Muchas familias buscan una nueva esperanza, desde la informalidad del día a día, de quienes quieren llevar un poco más de dinero a casa. Una invitación a pensar más allá de las previsiones”.

Preguntó a la sala: ¿cómo lidiamos hoy como educadores? Me responderán: tratamos de hacer más agradable las clases, nos enriquecemos con las capacidades tecnológicas, salimos de la zona de confort, aunque algunos prefieren instalarse y hacen lo mismo.

“La pandemia mueve. Ustedes se han convertido en especialistas, están generando cambio, están generando una nueva humanidad; ustedes están tratando de hacer mejores personas de esos jóvenes a quienes tienen enfrente a través de una pantalla. Ahora sí, podemos decir nos mueve la esperanza, como lo expresa Pablo en I Cor 13. Vayan en busca del título: Magister en esperanza, háganse expertos en esperanza. Tienen un aliado secreto, Él acompaña, es el silencio pedagógico de Dios que habla desde dentro”, reflexionó.

Al explicar los momentos duros por los que pasan las familias que sienten la impotencia ante la multiplicidad de problemas, afirmó: nos dimos cuenta que los avances científicos se ponen de rodillas ante un virus. Nos damos cuenta que nuestra limitación siempre estará presente, pero como creyentes tenemos una trascendencia que nos permite ver a Dios, que nos abre las puertas de la esperanza.

Planteó al auditorio virtual otra cuestión: ¿cuándo sé que soy misericordioso? No solo cuando muestro ternura o lanzo expresiones de aliento. Es duro el momento, cuando el dolor del pobre te mueve las entrañas y no puedes soportar ese dolor ajeno. Es en ese momento, cuando viene la misericordia, que viene desde dentro, del vientre y no eres capaz de hacer algo, y como a todo ser humano esto te provoca, es en ese momento que eres misericordioso.

“Les hablo de esta esperanza, de una esperanza tiene que ser fiable, gracias al cual podemos afrontar nuestro presente, que a la vez nos lleva a la meta. La esperanza fiable, es una expresión muy salesiana, es la confianza que genera un clima de verdad educativa. Debemos crear en nuestro entorno un clima de certidumbre. El amor de Dios siempre echa afuera el temor”, puntualizó, antes de responder a preguntas e inquietudes de los asistentes al curso.

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