Miguel Sassano: El psicomotricista está en actitud de alerta

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¿Cómo es el espacio que se está construyendo hoy para los jóvenes? Fue la pregunta inicial y punto de partida para la conferencia dictada por Miguel Sassano, director de la carrera de psicomotricidad de Morón, Argentina, y experimentado docente, autor de una decena de libros en esta rama.

“Muchos de los jóvenes de hoy no tienen expectativas concretas, trabajan temporalmente para un beneficio y dejan el futuro azar”, expresó Sassano, el viernes 27 de septiembre, para exponer el tema “Agresividad y Violencia” seguido por tres centenas de docentes y jóvenes en el Aula Magna de la Universidad Salesiana de Bolivia.

Un graffiti inglés donde se observa a un joven lanzando flores en lugar de piedras, marcó el primer telón de fondo del tema desarrollado. A continuación rememoró la presencia de sus padres europeos en América. “Estos países ofrecían a los que venían la oportunidad de crecer. Los que llegaban sabían que en estos países había posibilidad de crecimiento distinto del ambiente de hambruna y guerra que se había instalado en Europa. Éstos inmigrantes esperaban que sus hijos sean en el futuro doctores y lo propio seguramente ocurrió con otros inmigrantes en Bolivia, pero este panorama cambió hoy”, expresó.

“Antes, los inmigrantes bajaban del barco y encontraban trabajo enseguida. Los jóvenes de hoy encuentran dificultad para trabajar y en Argentina del presente un 28% no termina la secundaria y más de un millón son ‘nini’ porque no estudian ni trabajan. Éstos viven un mundo de engaño y en algunos casos emigran porque no hay trabajo. La mayoría de la gente ve todo negro y pocos son los ejemplos contrarios, tal como el caso de los grupos ecologistas aunque viajan en coche”, agregó

A juicio de Sassano, este desequilibrio se resuelve exclusivamente con educación buscando criterios de equidad. “Una cosa es la igualdad y la otra es la equidad.  Por suerte hay una cuestión buena no todos somos iguales, aunque se debe luchar por la igualdad de derechos”, apuntó.

Sassano se refirió a los antecedentes inmediatos de este cambio social y las razones que motivaron la aparición de nuevas corrientes. “Mucha gente estuvo integrada a la sociedad con un buen pasar económico y de pronto se quedó sin trabajo, lo que generó una situación dolorosa, porque el hombre pierde su dignidad, su deseo de ser útil. Esta situación generó una lucha a veces entre pares, entre obrero y obrero, no entre obrero y patrón. Aparecieron las pandillas, los grupos marginados que se tatúan como signo distintivo, que matan a cualquiera por circunstancias poco comprensibles. Esos grupos no tienen límites, viven en un estado de anomia. Cada vez hay más violencia. Los incluidos contra los excluidos, los de aquí contra los de allá. Cada vez es más grande la distancia entre los que tienen y los que no tienen. Entre el que más gana y el que menos gana. Antes la diferencia era que uno ganaba 11 veces más que el otro, hoy son 80 veces más. Eso produce la vulnerabilidad, entonces sube el índice de la delincuencia, porque los que no encuentran trabajo no tienen otra salida, esa es la realidad. Y esto en América Latina es un factor real y cada vez el dolor es más grande. A la Universidad van los afortunados, porque pueden estudiar y tienen familia. La gente marginada no tiene familia o está desintegrada”, acotó.

A juicio del conferencista esta gente no tiene adultos como referencia. “Como si fuera poco, la sociedad los incita al consumo, tiene que tener las mejores zapatillas y la mejor campera (chamarra). La sociedad los acostumbró al consumo, pero ellos apenas pueden comer. Hace muchos años teníamos utopías, hoy los jóvenes tienen claro que no pueden cambiar el mundo, ni siquiera el lugar donde viven. Los proyectos son de más corto plazo. En este ambiente se instala la violencia”.

Luego explicó el tema de la agresividad a la que considera parte de la condición humana, “porque si no somos agresivos nos comería el león”. Esta actitud de alerta es buena y normal, mientras se conserva los límites. La violencia es el paso a la actitud de hecho, es la desproporción.

“La agresividad está en cada uno de nosotros, pero se la va guardando y luego se la descarga. Siempre se busca un culpable externo, no hay sentimiento de culpa. Yo hice esto porque no tengo para comer. Siempre pongo afuera algo para defenderme de las cosas que hago. Los adultos utilizamos el poder para controlar a los niños. Les damos el celular (un chupete electrónico) para que el niño nos deje conversar, de esta manera, los niños tienen el poder del chantaje. Los psicomotricistas tenemos otros métodos para dar una respuesta a este tema”, manifestó Sassano.

Se refirió luego al modelo que entregamos los mayores y los niños y jóvenes lo van asimilando. Los chicos quieren jugar y los grandes siempre estamos ocupados. Enseñamos el modelo común: si alguien me molesta le pego, y ese ejemplo es el que aprende el niño.

Afirmó Sassano que “hay una nueva corriente en el mundo que nos muestran que las emociones se construyen y no son innatas. Todo hombre violento tiene el antecedente de haber sido golpeado. El 30% de los argentinos 20 mujeres y 10 varones tienen el antecedente de haber sufrido una agresión sexual. Lo que quiere decir que en casa tenemos un violador”.

Tomó como referencia el hecho que la generalidad de personas ha recibido una vez en la vida un castigo corporal. Algunos superan esta situación, otros no. Muchos de estos van a entrar en esa anomia y luego ingresarán en el mundo de castigar al otro con el hecho o la palabra.

“Los jóvenes necesitan emociones fuertes y se lastiman. Toman el auto del papá y lastiman a alguien, porque están acostumbrados a recibir golpes por nada de los demás. No aman, no desean. Todo les parece igual. Lo fatal en estos casos es la ausencia de los padres, de manera que los chicos se desconectan del mundo. ¿Con quién se identifican? con el malo del grupo, con el que agrede, por eso hay bullyng, tanto en la escuela como en el trabajo. El bullyng los ejecuta con pares, eso los hace sentir fuertes, porque si se asocian al bueno, pierden. El que lastima, gana. La violencia ya nos ha tomado y si no hacemos algo seguirá avanzando. Todos creemos saber que sucede. Le pasa al vecino, al compañero de la escuela, pero no actuamos”, expresó en la parte central de su conferencia de dos horas de duración.

El resto de la conferencia se centró en el trabajo que realizan los psicomotricistas día a día y en la justificación de los espacios donde el desenvolvimiento físico es fundamental. “Los niños descargan la agresividad con los cubos y la pared. Muchos psicomotricistas tienen miedo a este clima de agresión.  Muchos abandonan su profesión por el miedo a la violencia y no encuentran la forma de poner un freno. Por eso hay que prepararse para sostener la agresividad, para sostenerlo, sin dañarlo, por eso se debe contar con una preparación física.

¿Cuál es el secreto de nuestro trabajo? Es saber por qué está golpeando. Me tengo que preguntar por qué ese niño golpea.  Entonces entra en consideración la historia familiar, el grupo y los orígenes del tema”.

“No somos psicólogos, somos terapeutas, pero no psicoterapeutas. Los psicomotricistas no interpretan. Nuestro instrumento es el cuerpo. Si lo interpreto lo hago para mí. El tono muscular va cargándose, estoy cargando tensión, de no hacerlo tendré mis músculos tensionados. Los chicos que juegan con cinco cosas a la vez ejercen mucha tensión. En los casos de agresividad son jóvenes inhibidos corporal y mentalmente. Guardan mucha bronca contenida. El niño agrede directamente. Si no se hacen daño, no hay necesidad de intervenir, sino hasta que haya agresividad, se permitirá que sigan jugando”, afirmó Sassano, reacio a dar recetas o tips. “Cada uno debe buscar lo que conviene en el momento y la situación”, dijo a la hora de responder a las preguntas de los jóvenes.

La agresividad se la debe tener. Les puede pasar a todos ustedes, con niños, adolescentes o adultos. Hay que tomar en cuenta el factor que estos niños experimentan la situación de no ser amado. Vivimos para que el otro nos ame y a estos chicos no los ama nadie. Cuando el niño es amado no hace daño a los demás. De esta manera, lo que hacemos en la sala es permitir liberar la agresividad y es que la sala de psicomotricidad tienen que ser la sala de escape. La agresividad irá bajando poco a poco, en la medida en que el niño conoce a los demás. Por lo tanto es una etapa necesaria”, comentó.

Apuntó que ahora se utiliza sesiones de cinco a ocho minutos de relajación, que son necesarios para descargar tensiones. “Es importante saber cuándo actúa uno. Hay que tener disponibilidad corporal para ese momento. La Psicomotricidad no es una ciencia ni una disciplina, sino una práctica que ha desarrollado una teoría. Siempre se debe estar disponible para actuar, pero no de palabra sino de actitud”, afirmó el conferencista.

Partidario del eros psicomotor explicó este concepto como “el dejar que el otro sea como es, para eso hay que aceptar incondicionalmente al otro, hay que ser congruente, palabra y actitud debe ser una sola. Un buen profesional no puede ser mala persona. El eros psicomotor, tiene que ver con disfrutar con jugar y disfrutar con los jóvenes, todo para que el otro se sienta protegido, seguro. El vínculo y el afecto son las cosas que curan”, finalizó.

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