Docentes con alma para una educación crítica

Desarrollo de la Noticia
Encuentro en SC

Docentes con alma para una educación crítica

La magistral exposición de Luis Fernando Fernández-Ochoa abrió el trabajo de reflexión del Encuentro de la Sub Región Andina de la Organización de Universidades Católicas de América Latina y el Caribe ODUCAL, cumplida los días jueves 22 y viernes 23 en la ciudad de Santa Cruz.

La presencia del Vicerrector de Pastoral y Oratorio Universitario de la USB, permitió capturar las principales reflexiones para los docentes que enseñan en las universidades católicas.

Esta la síntesis de esta exposición con el título:  La Educación Superior frente a los desafíos del presente:

Desde sus inicios en el siglo XIII la universidad ha sido una de las instituciones más relevantes a la hora de afrontar los retos de cada momento por su capacidad para generar conocimiento y resolver problemas. Esta ha sido siempre una de sus funciones sustantivas a lo largo de más de 800 años de existencia.

Las sociedades en las cuales vivimos son cada vez más complejas y las transformaciones culturales son cada vez más rápidas y profundas, esto demanda de nosotros una respuesta eficaz, esto es, un replanteamiento de los planes de estudio, de las metodologías y hasta de las mediaciones, pues en un mundo en el que cada vez son más frecuentes los desplazamientos nacionales e internacionales y en el que la movilidad urbana es cada vez más difícil, la virtualización y el uso de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación en los procesos de formación se va haciendo perentorio e inaplazable.

La universidad no debe olvidar su esencia, no debe perder de vista ni por un instante que lo suyo propio es la vida intelectual; pero como desde los mismos comienzos el compromiso social también hace parte de su ser, debe equilibrar los contenidos teóricos con el desarrollo de competencias, entendidas éstas como una combinación de conocimientos, cualidades humanas y destrezas laborales que permitan el logro de un desempeño destacado.

la universidad debe redescubrir hoy el papel que le corresponde desempeñar en la sociedad. Las nuevas dinámicas exigen una continua reinvención por parte nuestra si queremos continuar incidiendo en la sociedad, “porque las actuales formas de convivencia tienden a concentrar toda la densidad de relaciones sociales en sectores de la tecnoestructura que son el Estado, el mercado y los medios de comunicación social”. En un mundo sometido a los dictados del mercado y orientado por los medios de comunicación, la universidad debe ejercer un liderazgo ético promoviendo un diálogo eficaz a todos los niveles, como propone el Papa Francisco, para promover una verdadera cultura del encuentro.

Ahora es menester que la universidad asimile y sepa tomar una postura acertada frente a las dinámicas sociales y tecnológicas emergentes. Es deber, comprender esas transformaciones y ofrecer una formación humanista pertinente, no meramente instruccioncita sino auténticamente humanizadora, para no quedarnos por fuera de la historia y para evitar que los hombres de hoy se deslicen por un plano inclinado hacia la nada o sean succionados por un activismo frenético y un consumismo incesante que priva de expectativas vitales e ideales nobles.

Mientras la Modernidad se dejó obnubilar por la idea de progreso y lo cifró en el dominio de la naturaleza, ahora, en la sociedad del conocimiento, creemos que la verdadera riqueza de los pueblos no radica en su potencial para transformar la materia sino en la capacidad para generar nuevos conocimientos y en la agilidad y versatilidad para procesar y transmitir la información. Este es uno de los principales retos de la universidad actual, responder eficaz y originalmente a este tipo de demandas y, todavía más, no solo ir a la saga de ellas sino anticiparse mediante la investigación y el ejercicio del pensamiento, por eso Alejandro Llano afirma que “para la universidad, el nombre actual de la fidelidad a su propio proyecto es innovación”.

En una obra titulada ¿Qué significa pensar? Heidegger escribe que el hombre es el ser que tiene la posibilidad de pensar, pero tener esa posibilidad no garantiza que seamos capaces de hacer tal cosa. Para ser capaces de algo es necesario dejar entrar ese algo en nuestra vida, sentirnos inclinados hacia ello. En estas palabras encontramos la misión de la universidad, suscitar la inclinación hacia el pensamiento, una inclinación que posibilite aprender a pensar, a prestar atención.

Según el pensador de la Selva Negra “el hombre hasta ahora y desde hace siglos ha obrado muchísimo y ha pensado demasiado poco". Quizás hemos pensado poco porque hemos vivido muy atareados calculando y produciendo. Tendríamos que aprender a recogernos y prestarle atención a la realidad para poder poetizar, es decir, para poder crear y no solo representar. Aprender a pensar para poder desvelar.

El presente y el futuro de la universidad no dependen ni de la abundancia de medios económicos y tecnológicos, ni de la eficacia organizativa, ni de pedagogías progresistas, ni de las relaciones interinstitucionales. Estriba en la fecundidad del pensar. Por supuesto, cada vez es más necesaria la relación de la universidad con las instituciones de su entorno, con el estado y la empresa privada, que pueden y deben acudir a ella en busca del servicio insustituible que puede prestarles, la investigación, y ojala que cada vez sea mayor la cuantía de los recursos que le aporten para el desarrollo de nuevos conocimientos; lo que no está bien, lo que no debemos permitir es la intromisión en el quehacer académico a  tal punto que lo vacíen de sus rasgos peculiares y lo trasformen en un calco de la empresa, fenómeno que parece estar aconteciendo.

Las funciones sustantivas de la universidad, docencia, investigación y extensión deben ser custodiadas celosamente. Ciertamente la transferencia del conocimiento es importante y cada vez más necesaria, pero la prioridad ha de seguir siendo la formación de las personas. Una universidad de alta calidad ha de distinguirse por la forja ética de personas pensantes y libres que sepan vivir y convivir, hombres y mujeres cívicamente responsables y dispuestos a poner sus talentos al servicio del bien común.

Los académicos parecen haber entregado la universidad al filisteísmo. La amenaza más seria en la hora presente es que la universidad se vacíe progresivamente de sus propios ideales de saber universal y de diálogo libre y riguroso para someterse aún más al proceso de mercantilización por el que atraviesa actualmente, un fenómeno que ha traído consigo la hiperburocratización y el procedimentalismo excesivo.

La universidad “debería seguir siendo un último lugar de resistencia crítica”, en el que se forma reflexivamente, de tal manera que los profesionales que le entregue a la sociedad no solo sepan hacer algo, sino que sepan por qué lo hacen. La formación humana y cristiana de los profesores, los alumnos y el personal de apoyo de las universidades católicas es imprescindible. El primer lugar, por supuesto, lo debe ocupar la formación continua del profesorado.

En la exhortación apostólica Evangelii Gaudium el Papa Francisco señala que son necesarios “docentes con alma”, profesores que se reconozcan como marcados a fuego por esa misión de iluminar, bendecir, vivificar, levantar, sanar y liberar. Maestros que se entreguen a fondo y con constancia; que desarrollen el gusto espiritual de estar cerca de sus alumnos y sientan pasión por ellos; que se mantengan accesibles y sean capaces de atender con una actitud amorosa e interesada al que les busca; que sepan escuchar las inquietudes de sus estudiantes, así como alegrarse con los que están alegres y llorar con los que lloran; que asuman su trabajo no como peso que los desgasta sino como una opción que los llena de alegría; que sepan corregir y enseñar “con dulzura y respeto” (1 Pe 3, 16); que no se cansen de hacer el bien (Gal 6, 9); que sientan que en su profesión está su vida misma, porque en cada alumno y en cada colega reconocen una persona que es digna de su entrega y un camino de realización personal.

Para tener una planta de profesorescon semejantes características será menester no solo un proceso riguroso de selección, sino también una formación constante, de lo contrario nos iremos llenando de “especialistas sin alma y vividores sin corazón”, en palabras de Max Weber, y éstos estropean todo lo que tocan. Puede que ostenten pomposos títulos y un currículo muy abultado, pero si no tienen alma serán, como dice Eliot, hombres huecos con la cabeza rellena de paja, y con semejantes especímenes ni se hace ciencia ni se forman personas de bien.

Una de las razones de la crisis universitaria de nuestro tiempo es el hecho de que la docencia se haya convertido en una “profesión” que se ejerce como cualquier otra, sin particular vocación y sin las aptitudes que le son propias, así como la falta de estimación o admiración de los estudiantes por sus maestros. Lo primero que tendríamos que infundirles a los profesores de las universidades católicas sería ese ingrediente erótico que para Platón era consustancial a la tarea formativa, porque sin amor es imposible cuidar del otro, entregarle lo mejor a los alumnos, persistir en la tarea diaria de ayudarles a forjar su carácter y a adquirir el temple necesario para abrirse paso en la vida. Es necesario que los maestros vuelvan a ser referentes y esto solo lo conseguirán amando de verdad.

 

 

 

 

 

 

Compartir
Servicios - Portal
Carreras Portal
Categoría de Noticias