Escalante: Tenacidad y esfuerzo humano en tiempos de pandemia

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Padre Escalante

“Cuando se lanza este aguinaldo, el mundo vivía el azote de la pandemia, vivía en un clima de incertidumbre y el miedo de un virus que en ese momento se presentaba como algo desconocido. El Rector Mayor observa lo que se veía en ese momento en Italia y Europa y vive en carne propia lo que es luchar contra un enemigo invisible”. Esa expresión, que contextualiza la temática abordada, marca el inicio de la exposición del sacerdote Marcelo Escalante en la tercera semana del Curso de Salesianidad.

“Siguiendo el Aguinaldo, hablamos de la esperanza, que no es más que un objetivo congregacional que el Superior Mayor regala, para que juntos podamos trabajar sobre este propósito. Este aguinaldo nos permite trabajar en comunión, por tanto, es un criterio con el que vamos avanzando en la construcción de nuestra identidad. Esta tradición viene del tiempo de Don Bosco cuando el Oratorio empieza a robustecerse; entones, se fijaba un objetivo para la buena marcha de la obra. Por tanto, esta es una tradición, para que la obra marche bien, para que docentes administrativos y estudiantes puedan crecer, en este sentido, es una forma de ingresar en comunicación con el mundo salesiano” agregó.

Recordó que la reflexión enviada por el Rector Mayor apunta a recordar este valor que debe traducirse en una actitud que nos mueve; un aspecto interior que proyecta, transforma y cambia cada una de nuestras actividades. En otras palabras: nos ofrece un nuevo horizonte de acción.

Al tomar como referencia a Spes, la diosa de la esperanza, recordó que los romanos la veían como la última esperanza, el último recurso disponible para el hombre, que también es una motivación interior, pero también ellos la veían como quien se cruza de brazos y espera.

“Nosotros vemos la esperanza trascendental. La esperanza se debe ver como fe y esperanza en el desarrollo de la ciencia; en este marco nos preguntamos ¿cuál es la esperanza de la que nos habla el Rector Mayor? La respuesta es concreta: es una esperanza educativa. Debemos ver la esperanza desde la perspectiva pagana y cristiana para entender mejor el contenido”, dijo.

Escalante acudió a los estudios de la mitología griega, para quienes, la Caja de Pandora no contenía solo lo negativo: enfermedades, sufrimiento, guerras, hambre, envidia, ira... al fondo de la caja, que abrió Pandora, estaba la esperanza, que no logró salir del recipiente y que se conserva como tesoro con el que cuentan los hombres.

“En este panorama colocamos la fe humana, hoy podíamos hablar de la confianza en la ciencia, en el poderío económico y militar, en el intento de devolver los demonios a la caja. El pasaje bíblico de la resurrección del hijo de Naín nos aclara este tema. Con la muerte del hijo desaparecen todas sus ilusiones y la posibilidad de que alguien cuide de ella en el futuro, Jesús enfrenta un ambiente de verdadera calamidad, sin embargo, ese encuentro con la viuda, permite vislumbrar la misericordia divina, de manera que Jesús resucita al joven. Esa es una muestra de la combinación del esfuerzo humano y la colaboración divina. Nada cambiará si nos quedamos cruzados de brazos. El poder de Dios es capaz de allanar los caminos áridos. La esperanza cristiana es la combinación de la tenacidad y esfuerzo humano con la asistencia divina. Así podemos entender lo que dice San Pablo de la esperanza salvífica, que es una forma como nosotros vivimos y actuamos con la ayuda divina”.

“Si es que creemos que Dios ordena nuestra vida, si es que creemos que Cristo es camino, verdad y vida, esa esperanza va a transformar el modo como nosotros caminamos, que se verifica en los asuntos más ordinarios. Si creemos que el esfuerzo humano es capaz de transformar el momento que vivimos, entonces podremos organizar nuestros valores y la propia vida. Esta esperanza como dice San Pablo nos salva, nos ayuda a cambiar para bien”, enfatizó el sacerdote.

Acudió a la encíclica Spe Salvi de Benedicto XVI recordó que “la salvación no es algo que nos ha ocurrido y ya está. La salvación se nos ofrece como esperanza fiable que nos ayuda a vivir. Esta esperanza ilumina el presente y nos permite avanzar hacia el futuro. Les recomiendo leerla; el Papa Emérito habla que lo que profesamos con los labios nos transformará la vida. Ahora nos toca vivir y transmitir esa esperanza, apostamos por la esperanza, tenemos una visión positiva del ser humano, capaz de llegar al ser integral. Tenemos fe en la capacidad del ser humano, por eso decimos que el sistema de Don Bosco es y para la esperanza”.

Al relacionar este don sobrenatural, con la tarea educativa que se cumple en la Universidad Salesiana destacó que el creer de verdad en el valor de la esperanza va a afectar nuestra actividad educativa, ayudará a organizar nuestro currículo, nos ayudará a seleccionar los temas y tareas que brindamos a los jóvenes”.

Finalmente citó a Paolo Freire, en esa línea de la educación emancipadora, el educador que maneja la tesis del concientizar, promover entre los educandos una alfabetización, que no es solo descifrar grafías. “Lo que hoy vivimos es consecuencia de decisiones humanas, si las decisiones son distintas, el camino es distinto. Freire se refiere a la desconexión entre progreso y política. Nosotros debemos ser conscientes de que en nuestras manos está el cambiar la cultura. El Rector Mayor nos dice que la educ. virtual debería llevarnos del aislamiento al encuentro, de la vulnerabilidad a la empatía al reencuentro, del encierro a la cercanía humana, del egoísmo a la solidaridad.

Pies en tierra y mirada al cielo, seguridad escatológica, ya experimentamos, pero

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