El padre Ricardo escribió su última página de sencillez

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Padre Campos

Austero y cordial, probablemente, son los calificativos que mejor se acomodan al sacerdote salesiano Ricardo Campos Ruiz, quien el 8 de febrero partió al encuentro del Padre.

Obediente, siguiendo uno de los consejos evangélicos, estuvo en todas las obras salesianas del país, porque se acomodaba a cualquier comunidad. El “Padre Campitos”, era el nombre con el que los jóvenes se referían a él, tal vez por su figura delgada y estatura un poco debajo de la media. “Kempes”, es el nombre futbolero que le regalaron sus hermanos de El Prado y Domingo Savio, aunque Ricardo, chuquisaqueño de nacimiento, no era muy amigo del balón, pero sí de los patios y de las sonrisas, por lo que aceptó con gusto dicho apodo.

Muchos lo recordarán por su grito de guerra: úpaleee. Así saludaba el padre Campos a los recién llegados a cualquier comunidad e inmediatamente extendía los brazos para el largo abrazo. Cualquiera que fuese el recién llegado salía de su estado de incomodidad, porque Ricardo era el anfitrión ideal que tomaba la maleta, lo conducía por la casa a la habitación elegida y lanzaba la pregunta con tono de invitación: “¿desayunaste? vamos al comedor, debes necesitar algo caliente, luego de tantas horas en la flota”.

Se sentía feliz en las prédicas y conversando con los jóvenes que acudían a él en busca de consejo. Lo suyo parecía estar más ligado a las tareas en la parroquia y a buscar alguna iniciativa propia que lo ponía contento por su servicio a Dios. Así es como entusiasmaba a algunos de los jóvenes clérigos o sacerdotes a formar parte del “Movimiento Por un Mundo mejor” y luego por el “Programa Eje y Escoge” a través del cual, invitaba a los jóvenes a descubrirse, valorarse y proyectar su vida de servicio a Dios y la sociedad.

Es probable que haya aceptado por el voto de obediencia la misión de ser director de algunas de las casas, pero lo suyo era estar en las bases, en contacto con los jóvenes y sus familias, hablar serenamente y sin prisa, vestir humilde, porque la austeridad y la modestia eran las virtudes que nunca lo abandonaron.

Eso sí, luego del rosario nocturno en comunidad venía la invitación del Padre Campos para jugar “cufurré”, un juego de cartas que se trajo de Europa y lo atesoraba como niño. La invitación terminaba por capturar a Bertolusso, Sierra, Artale y otros, pero, era el propio dueño de las cartas quien, tras una hora de diversión, decía: hora de dormir porque esto es solo juego y no debe ser una tentación”.

Ricardo, aguantó con espíritu resignado algunas enfermedades y, es probable que haya dejado el mundo nuestro con una sonrisa, para volver a la Casa del Padre. Dedicó su vida para consagrarse a los jóvenes, siguiendo el espíritu de Don Bosco; lo suyo fue una página de sencillez.

Foto: El Padre Campos (de chamarra blanca), junto al hermano Francisco Molina, el padre Mura y el hermano Guillermo Coaquira.

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