El inolvidable Miguel Ángel partió a la casa del padre

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Padre Miguel Ángel

Una raqueta en mano y unas gafas para jugar en el improvisado frontón del colegio Domingo Savio. De pronto se encontró con un alumno, luego con otro y aparecieron otros jóvenes, de manera que el desafío deportivo quedó postergado. Así era Miguel Ángel Herrero Sanz, joven entre los jóvenes. Con la voz estridente, la carcajada en cualquier momento y la sonrisa a flor de labios. Era un dulce para los jóvenes. Pocos lo llamaban Padre, algunos conocían su apellido; para todos era Miguel Ángel.

En el Don Bosco de Cochabamba pasó sus mejores años, corriendo tras el balón, rodeado de los alumnos, echando gritos de alegría, celebrando alguna ocurrencia y mirando con ojos de ternura cuando llegaba el momento de aconsejar, entonces aparecía el sacerdote sereno, siempre atento y sensible con los otros.

Cumplió 75 años el mes pasado, de los cuales 17 los pasó en Europa, porque quería ser misionero y de Perú se vino a Bolivia en 1967, desde donde viajó a Chile y España para concluir sus estudios sacerdotales.

Le costaba quedarse callado y dejar de sonreír, le era imposible pasar desapercibido, porque sus comentarios desconcentraban a los más atentos y quienes iban con él al estadio Capriles perdían el espectáculo porque las historias de Miguel Ángel eran imperdibles. “Han venido a ver el fútbol o a contar chistes”, protestó alguna vez un espectador, que estaba cerca del grupo del sacerdote.

Y llegó el otoño para él, pero se apresuró el invierno, porque el pasado domingo 3 de enero partió a la casa del Padre. Muchos esperaban que solo fuese una broma, una de las tantas de Miguel Ángel; no, esta vez le tocó decir hasta pronto. Algunos lo disfrutaron en la comunidad de Calacoto, Cochabamba y hasta hace poco en Sucre; otros lo recuerdan como Inspector de los salesianos; la mayoría lo recordamos como el gran Miguel Ángel, el pintor de la sonrisa y la amabilidad, la imagen del sacerdote salesiano en el patio, cuyas carcajadas la seguimos escuchando como arrullos de optimismo en tiempos difíciles.

Foto: Miguel Ángel (de corbata) junto a los sacerdotes Carlos Longo, René Sierra, el padre “Papacho” Mendoza y el que escribe la nota.

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