En busca de la verdad

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Leoz

Hoy 10 de mayo es el Día del Periodista y me puse frente al espejo para preguntarme ¿Y cómo andamos pos casa? Esta es una de las carreras que abracé con devoción en la búsqueda de la verdad. Pronto me di cuenta de los sinsabores de esta elección, como decía el maestro de la crónica Ryszard Kapuscinski:  “se puede engañar de muchos modos, incluso diciendo la verdad. Si un medio se decide a lanzar la máquina del fango, no es necesario hacerlo con acusaciones graves”.

En este tiempo de cuarentena fui convirtiéndome adicto a las redes sociales, así, leí una mentira tras otra, con algunos lunares de verdad, empezando por las declaraciones de gobernantes y gobernados, hombres de izquierda y derecha, jóvenes y mayores. Fui conociendo  un poco más de los mecanismos de poder y pase a engrosar las filas de los escépticos.

Casi todos los comunicadores ingresamos a hacer nuestras primeras armas por la puerta de la entrevista, de manera que amplificamos muchas mentiras y elevamos a la fama a muchos mentirosos; es que los veraces se van extinguiendo del planeta. Kapuscinski tuvo el mérito de elevar el reportaje al nivel de la gran literatura, se peleó con las entrevistas, tal vez porque sabía que de ellas iba a extraer pocas verdades. Prefirió ser un cronista en varios campos de guerra, incluido el deporte. Si lo dudan, lean “La guerra del fútbol y otros reportajes”

Siguiendo a don Umberto Eco  me preguntaba  si ¿Tiene derecho un periodista a "pintar" una lágrima en los ojos de una viejecita triste que aparece en un reportaje, aunque en la realidad no llegara a verter esa lágrima? Algunos justificarán la pequeña mentirilla diciendo: “solo matizó su relato sobre un hecho verdadero”. De esta manera aprendí a matizar lo que me dijeron en las aulas y lo que me dicen en la calle. En casa y la escuela aprendí que mentir es decir aquello que yo sé que es falso, en cambio decir una falsedad puede ser simplemente decir un error, por tanto, mi grado de culpabilidad se reduce al mínimo y me justificaré diciendo: “Es probable que haya escrito muchas falsedades, pero siempre he tratado de decir la verdad”.

En mayo de 1865, el tirano Mariano Melgarejo mandó a ejecutar al periodista Cirilo Barragán. Por este hecho se instituyó el Día del Periodista, del profesional que debería hacer el juramento de decir siempre la verdad. Seguramente  a don Mariano no le gustaba lo que escribió el hombre de letras sobre su gobierno, de manera que optó por el camino más directo: ejecutarlo. Hoy, existen muchas maneras de fusilar a los periodistas, reporteros y a los que se hacen llamar analistas e investigadores: se los ataca tratando de demostrar que hacen cosas inmundas. Me tocó en carne propia pasar por ese cadalso, perder mi fuente de trabajo, enemistarme con mis ocasionales jefes y llevar a casa mi pequeño cofre de la verdad, con el que, por supuesto, no pude comprar una marraqueta.

En estos días abundan los profetas, oráculos cálculos y hay público para ellos. La cantidad de información negativa que recibimos, elevan nuestro grado de ansiedad. Los conteos diarios de víctimas en todo el mundo, el estado de alerta permanente, toda la información que nos inunda a través de redes sociales y la televisión nos pone en la vereda del contagio y basta un paso en falso para ingresar en la línea de los potenciales difuntos.

Pocos nos hablan que dormir lo suficiente, tener actividad física, comer de manera saludable,  quitarse los cigarrillos y el alcohol. Probablemente también deberían sugerirnos no intoxicarnos con las presuntas verdades de las redes sociales.

Producto de esta presión nace la agorafobia, un trastorno que hace que las personas se sientan inseguras en ciertos lugares que le producen ansiedad donde se puede sufrir  un ataque de pánico. No quiero sumar a este mal el miedo a la mentira (mitofobia)

En este día quería recordar al maestro Aristóteles quien en su libro Metafísica recordaba que la falsedad y la verdad no se dan en las cosas, sino en el pensamiento, de manera que el hombre es arquitecto de sus propias verdades o falsedades, aunque la semilla de la mentira nos lo ponen en casa, sin prevenir el daño posterior cuando nos dicen: “si viene tal persona, le dices que no estoy”.

A tantos años del ejercicio de esta profesión, preguntó como el discípulo Tomás ¿Cuál es el camino? ¿Dónde está la verdad? Y me encuentro con la contundente expresión de Jesús, narrada por Juan: ”Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”.

Lic. Ernesto Murillo Estrada.

Foto. Una entrevista a Nicolás Léoz, en Asunción, Paraguay

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