Newman y universidad

John Henry Newman, ideas universales de ayer y hoy

Si no tuviesen una Universidad los católicos, qué opciones tendrían para seguir sus estudios superiores: solo dos vías, la educación de las universidades estatales, la mayoría con visión social política y las universidades liberales.

A poco más de un siglo de su vigoroso pensamiento, John Henry Newman  permanece vigente en el pensamiento de las universidades católicas y esta noche quiero recrear algunas de sus ideas, expresó el vicerrector de Pastoral, Ernesto Murillo, ante un auditorio de poco más de 200 universitarios y docentes en la sede de Camiri.

Esta es parte de su exposición

¿Qué es la Universidad? Es un lugar que enseña saber universal. Hay que notar que enseñar no significa exclusivamente lo que el concepto señala, pero es la primera tarea. “Misión primera y no exclusiva”.

Se puede enseñar teología en la Universidad: Claro que sí, lo mismo que sucede con la física, la economía o la sociología; una universidad que no permita todos los saberes se descalifica automáticamente como tal.

La universidad es tal porque es el lugar donde las diferentes ciencias entran en relación unas con otras, se vislumbra su jerarquía, se cuidan sus campos de acción, se defienden sus respectivos métodos, pero también se señalan sus límites, de modo que ninguna ciencia rebase el campo que le corresponde y se entrometa en otro, o que alguna extienda su método a las demás, asegurando que es el único posible.

El hombre puede conocerlo todo, pero nunca en su totalidad y de manera definitiva. Por ello, las diferentes ciencias, en cuanto construcciones del sujeto humano, representan los diferentes ángulos con los cuales el hombre intenta abarcar la totalidad.

La educación liberal no es una educación confesional (pues la teología debe tener su lugar en la universidad, pero no puede entrometerse legítimamente en los asuntos de las otras ciencias), pero tampoco es una educación meramente pragmática, encargada de formar profesionales de las respectivas ciencias y nada más. La universidad educa el intelecto para que razone bien en todos los temas, para que tienda hacia la verdad y la asimile.

Dado que las ciencias son formalizaciones del saber sobre un campo determinado, y se relacionan unas con otras, es necesario ver y reconocer el valor de cada una y la jerarquía que guardan unas sobre otras. Pero esto no puede ser labor de una ciencia junto con otras tareas. Aristóteles asignaba a las ciencias superiores el nombre de arquitectónicas y de entre ellas señaló una como la primera en absoluto: la filosofía primera. Por tener un punto de vista superior, el del ente en cuanto ente, podía erigirse como fundamento de todas las demás.

La formación o enseñanza universitaria no va encaminada solamente a un saber puntual y específico de cada ciencia, sino a un “crecimiento y ejercitación en ciertos hábitos morales e intelectuales”. “La educación liberal no está orientada principalmente a los contenidos, sino a la “educación del intelecto”.

Newman considera fundamental como “primer paso” “inculcar en la mente de un joven las ideas de ciencia, método, orden, principio y sistema, así como el de regla y excepción, de riqueza y armonía”.

El que estudia en una universidad se beneficia de la tradición intelectual, al entender las grandes líneas del saber, los principios en que descansa, las relaciones que guardan unas con otras y sus mutuas limitaciones. “Se trata de la acción de un poder formativo que produce orden y da sentido a la materia de nuestras adquisiciones intelectuales”. Diríamos simplemente que se trata de formación, más que de mera información. Para Newman, un hombre que lee el periódico es un hombre bien informado, pero nunca un hombre de cultura intelectual.

Si se tiene el hábito filosófico de la mente, los conocimientos que se adquieran tendrán siempre su lugar, orden y valor, de modo que la educación no sea sólo acumulación de conocimientos, sino verdadera asimilación de los mismos. La transmisión de conocimientos es medio, no fin de la educación liberal. No se trata del saber de cosas aisladas, sino la mutua relación entre ellas. “Educación es una palabra mayor, es la preparación para el saber, y la enseñanza de conocimientos en orden a esa preparación”.

Newman afirma que “la concienzuda lectura de los poetas, historiadores y filósofos de Grecia y Roma lograrán este propósito.

“El mundo debía tener ciertos maestros intelectuales y no otros; Homero y Aristóteles, con los poetas y filósofos que los rodearon, hubieron de ser los maestros de todas las generaciones”. Y hace una comparación ciertamente discutible: “incluso en nuestros tiempos Shakespeare y Milton no son estudiados en nuestro curso de educación; pero los poemas de Virgilio y Horacio, como aquellos de Homero y los autores griegos antiguos, estuvieron en la mochila de los alumnos no mucho más de cien años después de haber sido escritos”, como lo ha demostrado la experiencia”. La literatura es, para Newman, uno de los estudios más provechosos para la educación liberal. En su conferencia “Cristianismo y literatura” afirma que la civilización occidental tiene “sus principios comunes, visiones, enseñanza y especialmente sus libros”, a los cuales llama simplemente “clásicos”.

La universidad prepara para vivir y para vivir bien; precisamente por eso, su meta es la formación del intelecto y no solo la transmisión de conocimientos, de modo que los estudiantes puedan “cumplir mejor sus tareas en la vida, y hacer de ellos miembros más inteligentes, capaces y activos de la sociedad”.

“Mirando a Newman y el pasado, miramos el presente y el desafío para nuestras universidades católicas”, concluyó el disertante.

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